El joven es un ente social con grandes contradicciones propias de la edad. Trata de oponerse a lo normado, a los cánones irrefutablemente establecidos por la sociedad.
En los jóvenes ahora, existe una insensibilidad o desinterés por el lenguaje, por el cultivo de la expresión lingüística. “A nadie le gusta ser el que siempre pronuncia las palabras perfectamente”: el correctico, el anticuado, el estúpido del aula.
Las nuevas formas de comunicación impactan el lenguaje formal y por ello los maestros deben recalcar el respeto por la estructura básica del lenguaje.
La especialista Domínguez asevera que el lenguaje depende de la situación comunicativa: “Por ejemplo, si jugamos a la pelota con los amigos, nunca usamos una palabra elegante, pues es impropio. Sin embargo, si estamos en el aula con el maestro, resulta imprescindible ceñirse al uso de una manera expresiva más formal.”
No se aprende lo básico del idioma sino que priorizan nuevos lenguajes, algunos de ellos ni siquiera aceptados como códigos lingüísticos. No lo veamos como un aporte sino como una deformación del idioma.
Pero el español oral no es el único que enfrenta transformaciones, los mensajes de texto y el chat están poniendo contra la pared a los defensores del lenguaje quienes piensan que estas formas de comunicación, impulsadas por la tecnología y la inmediatez, deben asimilarse porque es imposible detenerlas.
Y es que escribir 'x' (el símbolo matemático), en vez de la preposición 'por' o un 'grs', a cambio de un 'gracias', son situaciones; o también expresiones como «Se rayó conmigo y no sé ni por qué. ¡Porfis!, usté' que es mi perra parchémonos mañana un ratón ¿sipi? Reflejan los cambios que afronta el idioma español.
Estas palabras y símbolos empiezan a afectar incluso la comunicación en el círculo familiar porque generan un choque entre generaciones.
La opinión como joven es que esto debe frenarse, decirle ¡ALTO! a los jóvenes, por que el idioma ha sido una evolución de muchos años, de personas que se quemaron las pestañas por que las palabras se vean lo más correctas posibles, y ahora lo que nosotros los jóvenes estamos haciendo con el idioma son barbarismos que llevarían a destruir todos estos años de esfuerzo por estas personas, y me imagino que si ellos vivieran pues sería muy difícil aceptar todos estos horrores o deformaciones del idioma.
El idioma es una identificación de un pueblo y por lo tanto eso es lo que se debe conservar. Muchos estudiosos de la lengua, la comunicación y la cultura, comienzan a mostrar signos de verdadero asombro ante las costumbres lingüísticas de una gran parte de los jóvenes, la cual no solo perjudica la comunicación verbal, sino también, y en gran medida, las formas que nos identifican culturalmente.
Eduardo Rodríguez sostiene que el problema no se trata de irresponsabilidad: “Creo que el descuido ha sido de muchos de nosotros, de las generaciones mayores, por no mostrar un buen ejemplo a seguir.”
En ese sentido creo que volver a la lectura juiciosa de libros debe ser el remedio para que el joven tampoco se quede colgado del buen uso del lenguaje.
